Septiembre. Vuelta al cole

Quizá era pura intuición, o quizá es que cuando hacemos cosas pasan cosas. O simple buena suerte. ¿Cuestión de tiempo? O estar en el momento justo en el lugar adecuado. Pero lo cierto es que ha llegado septiembre y yo ¡TENGO TRABAJO! Y no cualquier trabajo. Estoy dando clases es un colegio. Sí, soy profesora de secundaria en un centro concertado.

Si al empezar el verano, allá en junio, me hubieran dicho: - pide un deseo y se te concederá -  yo habría elegido éste:
Pasar el verano tranquila, relajarme, disfrutar y empezar a trabajar en septiembre. De profesora, a ser posible.

Y... ¡cosas del destino! en menos de una semana, porque ha sido todo inesperado y rápido, mi sueño se veía cumplido. 
La noticia me llegaba estando en el pueblo disfrutando de las fiestas, no podía ser mejor manera. Lo puede celebrar con mi familia incluso. Lo curioso, es que lo estoy empezando a  apreciar más ahora que lo recuerdo que el día que me ocurrió. Ese día me sentía contenta, pero muy insegura, y también vergonzosa de demostrar mis sentimiento de furor interno en mi familia ¡Qué imbécil! 43 años y tan tonta. Mi madre me vino a dar una beso maravilloso, mi marido estaba eufórico y yo...yo allí que parecía que todos los días me llamaban para decirme que el puesto era mío. Sí, parece ser que soy imbécil y lo malo es que no se si tengo remedio.

Estoy dando clases. Toda una experiencia para mí. Al mismo tiempo maravillosa y horrible. Empezar de nuevo en un trabajo es siempre complicado y raro. La sensación que tengo es la de sentirme desubicada. Duermo mal y me desvelo mucho por las noches. Los primeros días, por el pánico a dar la clase, porque me sentía insegura de cada cosa que pensaba hacer o decir. Ahora, que voy cogiendo confianza, duermo pendiente de la hora. Es curioso porque me despierto a la misma hora que cuando no trabajaba, no han cambiado mis hábitos, yo tenía la costumbre de madrugar en vistas de que esto podría llegar algún día pero ahora me desvelo y miro la hora ¿cuánto me queda? y antes eso no me pasaba. Confío en que sea solo de momento, en que pronto recupere mi ritmo, mi seguridad, mi zona de confort, porque la verdad, eso de salir de la zona de confort de una está sobrevaloradíiiiiisimo.  Se lo debió de inventar alguna persona de esas que hacen deportes de riesgo extremo y necesitan emociones fuertes y descontrol a tope. Para mí como en la zona de confort, a gustito, controlando, segura y tranquila ¡en ningún sitio! 


Me han contratado en un centro concertado. Sí, al final ha llegado antes la oportunidad de esta manera que por lo público, al final de aquello que escribí allá por primavera no salió nada. Me quedé a las puertas, cerca, pero no llegué a trabajar. 

En fin, que vuelvo al cole. Que estoy contenta y muy muy aterrada ante todo lo que se me viene encima: nuevas personas en mi vida, nuevo entorno, trabajar a los 40y..., novísimo trabajo, de estreno casi total. Sigo pensando que mi posición natural es la alumna y cuando me veo escribiendo en la pizarra pienso ¿qué ha pasado aquí? Pero creo que no me queda más remedio que disfrutar, aprender, dar lo mejor de mí misma y tirar hacia adelante porque tengo la intuición de que esto sólo es el comienzo de una gran aventura. 

Y es que hay mucha vida después de los 40. Si se puede ser madre con más de cuarenta años, ¿dónde está escrito que no se pueda ser profesora?

Objetivo profesional 5. No busques empleo no vaya a ser que lo encuentres.

Este verano, durante el proyecto Lanzadera, acudimos a un evento en la Universidad, era el cierre de un proyecto sobre búsqueda de empleo que había desarrollado el COIE de la Universidad de Murcia. Durante este evento uno de los orientadores del COIE nos dio una charla extraordinaria. A mí al menos eso me pareció. Una de esas personas que saben hablar en público, que da gusto escuchar, que se nota entusiasmado con lo que hace y dice, que te engancha. Su charla trataba sobre una serie de reflexiones acerca de la búsqueda de empleo. Reflexiones, llamadas de atención de perogrullo, de sentido común que todos seguramente sabemos pero que necesitamos escuchar o que nos las cuenten otros para hacerles caso.

Personalmente salí muy tocada de aquella charla. Me hizo pensar, pararme, mirarme, preguntarme...Me hizo valorar un poco más mis propias emociones e impulsos, darme cuenta de que no voy tan desencaminada cuando pienso como pienso, siento como siento...



Una de esas frases era esta: No busques empleo no vaya a ser que lo encuentres. 
Vaya paradoja, ¿no? ¿No queremos encontrar empleo? Sí, está claro. Pero cuántas veces habremos mandado un currículum respondiendo a una oferta pensando que el fondo no nos importa que no nos llamen de ese trabajo. ¿Alguna vez nos han llamado para una entrevista de algún puesto que en realidad no nos gusta? A mí sí. 
Cuando buscamos trabajo una de nuestras prioridades ha de ser la de definir nuestros objetivos. Trabajar no es un objetivo concreto ni suficiente. Trabajar es demasiado abstracto. 
Trabajar en lo que sea.
 ¿De verdad queremos trabajar en lo que sea?

Yo empecé mi vida laboral trabajando así. En lo que sea. Tras currarme una carrera, tras irme a estudiar fuera de mi comunidad, tras estar desde los 5 años, que entré en parvulitos, estudiando, formándome; tras apostar por mí, por mi futuro, por ser una profesional, una mujer culta e inteligente; acabé trabajando de teleoperadora. Vendiendo un apéndice de una enciclopedia Espasa de Lengua y Literatura españolas. No la enciclopedia, el apéndice.
¿Qué me pasó?

  • Que no supe definir mi objetivo, tampoco es nada raro. Es lo normal.
  • Que me dejé influir por otras personas que evidentemente no eran yo. Personas que no iban a vivir mi vida, VIDA. Personas que creyeron aconsejarme bien, pero que me hablaban desde su VIDA, desde su experiencia, desde sus creencias, valores...No desde los míos.
  • Que tenía miedo a no trabajar nunca.
  • Que sólo pensaba en tener dinero y liberar a mi familia de la carga que yo suponía.
  • Que pensé que eso era lo que me merecía. 

Y sí, en su momento, mi decisión de trabajar de teleoperadora pudo tener todo el sentido del mundo, pero si volviera atrás NO LO HARÍA ASÍ.

No hay que trabajar en lo que sea. Si os lo podéis permitir desterrad esa idea de vuestra cabeza. Trabajar en lo que sea y como sea es un castigo que os vais a autoimponer. Trabajar en lo que sea no es un objetivo. Es una rendición.

Imagina que tu objetivo profesional es ser profesor. Enseñar. Dedicarte a compartir conocimientos. Pero tú desde Infojobs tiras a todo lo que se pone a tiro, a todos esos trabajos que crees que podrías desempeñar pero que en realidad se alejan mucho de lo que a ti te gustaría, o crees que te gustaría. Te llaman de uno, es más, te contratan en uno. ¡Tienes trabajo! Te dedicas a coger el teléfono en la recepción de una empresa de transportes. Es sencillo. Puedes con ello. Sólo necesitas hacerte al modus de la empresa. Poco a poco te van exigiendo más cosas: control de albaranes, contabilidad sencilla...Pequeñas funciones que con un poco de predisposición por tu parte llegarás a controlar. No estás mal. Tienes un buen ambiente de trabajo. Tienes compañeros majos, gente con la que desahogarte. Y sigues trabajando. Ganas dinero. El justo, pero es dinero. Antes no ganabas nada. Un día paseando te encuentras a una compañera de clase, una que no tenía muy claro qué estudiar, una que estudió magisterio por puro azar, churro, porque decían que era fácil. Te cuenta que es maestra en un colegio. Que está contenta. Que le costó empezar a trabajar porque tuvo que opositar, que tuvo que estudiar más de lo que se imaginó pero que al final lo ha conseguido. Ahora ella está de vacaciones porque es verano y disfruta de los dos meses enteros. Y cuando tú te vas a casa empiezas a llorar. ¿En qué momento escogiste el camino erróneo? ¿En qué momento te saliste de la carretera para meterte en el barro? ¿Cuánto tiempo has perdido? ¿Se compensa con el dinero qué has ganado? Ese trabajo en el que estás es ¿el trabajo de tu vida? ¿se acerca? ¿ te puede ayudar a conseguirlo o te está alejando cada vez más de tu "sueño"?

A veces nos pasan estas cosas. Nos olvidamos de nuestro objetivo. Nos pasamos años preparándonos para algo que luego no sabemos cómo conseguir. Nos rendimos porque nos creemos que trabajar en lo que nos gusta es cosa de un día para otro y no es así. Es verdad que podemos necesitar ese desvío, ese parón, que tal vez nos haga falta el dinero para seguir adelante, pero nunca, jamás deberíamos dejar de mirar de frente nuestro objetivo profesional. 

También es posible que nuestro objetivo profesional cambie. Pues la operación es la misma. ¿Qué quiero? ¿Qué tengo que hacer para conseguirlo? Voy a por ello. 

Cuando yo acabé la carrera hice unas prácticas en la radio en mi tierra. Fue un verano maravilloso. No dejé de trabajar, pero lo pasé tan bien, trabajé tan a gusto (gratis) que fui feliz. Al acabar el verano mi madre se empeñó en que lo mejor para mi era volver a Madrid y quedarme allí viviendo con mi hermana, porque mi hermana ya estaba trabajando en Madrid a costa de mucho esfuerzo y sacrificio personal. Mi madre no quería que me quedara en mi tierra, por yo qué se qué. Y yo no lo tenía claro, la verdad, estaba perdida. Empecé a trabajar en campañas de teleoperadora (no lo hagáis si podéis evitarlo, es un trabajo horrible y hoy en día más) y me llamó mi jefe de la radio porque el técnico de radio se iba. Por si yo quería el puesto. Me lo pensé mucho. El sueldo era una mierda, el horario también. Pero era la radio. Mi madre por un lado, mi exjefe que me dijo que me llamaba porque era su obligación ofrecérmelo después de lo bien que había trabajado durante las prácticas, pero según él ese trabajo era poco para mí, me merecía algo mejor y quizá en Madrid lo encontraría. Total que me convencí de que aquello no era el trabajo que buscaba, era mucho jaleo dejar Madrid...y mil historias más, entre ellas mi propia historia sentimental que por aquel entonces me condicionaba demasiado. No lo acepté. Hoy es el  día que muchas de las personas con las que compartí las prácticas en la radio trabajan allí, en otras emisoras, son periodistas reconocidas en mi tierra, grandes profesionales y yo me muero de la envidia cada vez que voy al pueblo y las oigo en las desconexiones territoriales. La única diferencia entre ellas y yo es que ellas TENÍAN MUY CLARO SU OBJETIVO PROFESIONAL cuando acabaron sus estudios (por cierto un año después que yo, eso les llevaba de ventaja): ser periodistas en su ciudad. Así de simple. O de complejo. 

Yo dí muchos tumbos. Trabajé en trabajos que se alejaban de mi carrera, pero en un momento dado recuperé mis ganas por trabajar en algo relacionado con la comunicación audiovisual. Para ello tuve que irme de un trabajo de la noche a la mañana, tras más de un año trabajando allí (tenía muy buenos amigos, estaba cómoda, mi trabajo me gustaba, había aprendido muchas cosas), me fui de un día para otro porque me salió un trabajo de lo mío. Me quedé sin mi finiquito. Me dio igual.  En ese trabajo estuve un mes. De ahí me llamaron de otro mejor, de otra empresa mejor, pero para hacer una beca que no podía compaginar con el trabajo. O yo fui algo lerda y no supe compaginar. El caso es que dejé mi trabajo por la beca en la gran empresa. Y acerté. Tres meses de beca y me contrataron. Empecé ganando una basura. Trabajaba en turnos de mañana, tarde o noche, fines de semana, festivos...la tele no para (esto fue siempre así). Pero luego libraba bastantes días seguidos, más de dos siempre, a veces hasta siete. Me tuve que currar mi sueldo, pelear porque nos lo subieran. Se me acabó un contrato cuando Vía Digital desapareció. Me volvieron a contratar meses después para una sustitución por maternidad. Al acabar esto, un puesto quedó vacante y me llamaron a mí. Mi sueldo  y mi categoría profesional ya eran muy decentes (esto lo sé ahora, entonces yo pensaba que ganaba una porquería). Estaba bastante feliz con mi trabajo. Y así estuve durante varios años, en los que mi objetivo profesional empezó a cambiar. El trabajo se volvió monótono y desde mi puesto de trabajo no se veía la luz del día, y aunque este detalle parezca insignificante, para mí fue definitivo a la hora de decidir poner punto y final a aquella aventura laboral de 10 años. 

Definir tu objetivo profesional puede ser tan concreto como pensar a mí qué me gusta: Trabajar con gente o sin gente, hablar con otras personas o no, tener luz natural en mi trabajo es importante para mí, quiero trabajar por la mañana o por la tarde, quiero un trabajo creativo o prefiero algo que no implique esfuerzo mental por mi parte, quiero mandar o que me manden, quiero ayudar o que me ayuden...

No hay que trabajar en cualquier cosa a menos que sea estrictamente necesario para comer o mantener a tu familia o que sea algo que a tí te de exactamente igual porque hay gente a la que eso le da igual.

Antes de contestar a un anuncio de un empleo, piensa ¿de verdad quiero trabajar ahí? Y si me llaman y si me contratan, ¿cómo me sentiría? Reflexiona sobre ello. Luego actúa. 


Este verano...

Empezó más tardío que ninguno. Generalmente me venía a la playa en junio o a primeros de julio una semana, yo solita, pero este año no ha podido ser. No he tenido playa para mi sola. 

Ha sido un verano, en cuanto a tiempo atmosférico, maravilloso. Acostumbrada a los calores infernales murcianos este año está siendo un eterna primavera. Lo que me pone de muy buen humor.

Antes de ir a Perripueblo estuvimos cinco días perdidos por Aragón.  Hemos visitado 3 pueblos de esos considerados "pueblos bonitos de España": Ainsa, Albarracín y SOS del Rey Católico. Recomiendo visitar los tres. Pero también recomiendo Mora de Rubielos, donde pasamos una noche y degustamos su apreciada trufa negra. Y Teruel, que bien merece una visita más atenta y pausada que lo que se puede ver en una mañana de domingo. Una ciudad preciosa. Sabía que lo sería, pero me sorprendió para mejor. Hemos ruteado en el Parque Nacional de Ordesa, en una ruta de agua, viendo unos paisajes que no nos dejaban cerrar la boca. Nos hemos bañado en una poza natural, La Poza de Puyarruego, de fácil acceso para y una maravilla de la naturaleza. Os parecerá una bobada pero me encantan las aguas cristalinas y frías y uno de mis sueños  era bañarme en una de estas pozas de agua transparente. Hemos pateado Ainsa. Desayunando en su preciosa plaza , otra de mis ilusiones: un desayuno tranquilo, relajado, disfrutando de la vista. También hemos cenado en los restaurantes de sus calles que tienen tanto encanto, tomado pintxos en La Carrasca, no os podéis perder este sitio; unos gin tonics de lujo viendo la luna llena como broche final del día. Hemos disfrutado de la gastronomía, de la naturaleza, de nosotros mismos. He conducido por carreteras que jamás hubiera pensado que fuese capaz de conducir. He disfrutado cinco días como si fueran diez. 

Perripueblo es lugar de amigos, de familia, de piscina. Vacaciones sin más pretensiones que las de hacer una buena caminata, pasear por las calles del pueblo bien temprano para inaugurar con un desayuno la terrza de la nueva casa de una prima mía, dejarse vencer por la pereza en la espectacular piscina o tomarse un aperitivo-comida al que sólo le puede suceder una larga siesta. Encontrarse con amigos, charlar un ratito con aquellos que hace tiempo que no lo haces pero que ahora necesitan de tu apoyo (aunque terminas siendo tú quién se siente afortunada por haber tenido esa tertulia a los pies del Parador). Es lugar de fiestas, las de todos los años, esa que se te hace pesada pero en la que al final decides participar.  He ido al teatro en Perripueblo, Asamblea de mujeres. Una de las mejores decisiones de mi verano. ¡Qué ganas de hacer teatro me han entrado! He disfrutado de verdaderas noches de verano en mi pueblo, de esas que no abundan.  También me he agobiado un poco porque quería estar con todo el mundo a la vez: amigos, familia, pareja, yo sola...Al final no he tenido el suficiente para ninguno, sobre todo para mis padres que son siempre los que menos me ven. Pero hemos tenido tardes de terraza, vermús en familia y piscina con mi madre. 

He sabido que mi hermano tiene nueva novia. Le he visto feliz por ello y me alegro infinito. No ha tenido suerte en el amor, o sí...Según se mire. si esta fuera la definitiva mi próxima cuñada será extremeña ¡mola!

La tercera etapa de nuestras vacaciones ha sido la playa. Un pequeño pueblecito de la costa mediterránea donde mis suegros tienen la casa de verano. Aquí he estrenado piscina. Algo que me ha venido regalado. Otro sueño de mi vida: tener una casa con piscina. En la playa han puesto piscina. La compartimos con la familia de la casa de abajo, pero es piscina, he tenido momentos de verdadero placer en ella, en las tumbonas, tomando el sol, leyendo, siesteando...La playa este año ni la he pisado. 

He conducido mucho y me he comprado unas zapatillas chulísimas para conducir. Sí, yo soy de esas personas raras que se tienen que cambiar de zapatos para llevar el coche. 

He escrito un relato corto que he enviado a un evento de mi pueblo. Me ha costado un poco dar ese paso, pero necesitaba hacerlo. Porque me gusta escribir pero apenas lo hago.

Me he quedado con ganas de viajar un poco más, de ver a algunos amigos que hace años que no veo, de leer más, de escribir más, de organizar mi tiempo mejor, de comer menos o de andar más para compensarlo. De reflexionar más. En definitiva me he quedado con ganas de hacer esas cosas tan zen que pienso que haré cuando llega el verano y que nunca hago. 


Me he hartado como siempre, a la semana de convivir bajo el mismo techo, de mis suegros y sus suegradas. Es lo que tienen las casas en la playa con piscina: que hay que compartirlas.

Y ha llegado septiembre... Tengo varias decisiones importantes que tomar, casi todas relacionadas con mi objetivo profesional. Tengo algunos proyectos en mente que voy a pasar a la acción.  Me he cansado de mi eterna teoría. He decidido dejar de ser una persona ceniza, una persona es que, una persona que no va a mil por hora. Ni idea de cómo voy a lograrlo, pero intuyo que va a ser complicado y doloroso. Estoy en una etapa de expansión. Doy por iniciada mi madurez como ciclo de vida. Y quiero tener una madurez brillante.  Entre las cosas que quiero hacer, por pura pasión personal está el teatro. Entre las que tengo que hacer: pasar a la acción. Dejar de pensar y hacer. Y alejarme de personas que me restan energía. Estoy cansada de malgastar mis recursos con personas que son incapaces de valorar que tienen  una vida maravillosa. Entre esas personas me incluía yo.






           Rincón de Albarracin (arriba)
          En la foto de arriba una calle de Ainsa


  La plaza de Ainsa. Arriba Mora de  Rubielos. 
   







Olímpicos o extraterrestres.

No estoy prestando mucha atención a las Olimpiadas, la verdad. La televisión en verano me estorba bastante. Pero, como con todo lo que sale a través de esa cajita mágica, por mucho que desconectes al final te enteras de cosas. Como por ejemplo que Nadal no ha ganado al tenis. Claro que como no estoy prestando atención a las competiciones deportivas me entero de las noticias con un poco de jet lag, unido el mío personal al que de de por sí tienen unos juegos que se celebran en otro huso horario me da un carajal alucinógeno total. Porque yo tengo la sensación de que Nadal en menos de 24 horas jugó: clasificiación para la semifinal, partido de dobles y semifinal. Vamos que se pegó una paliza de no te menees. Todo esto ocurría mientras yo nadaba a ritmo de tortuga anciana en mi pequeña piscina, leía con miedo a que se me agotaran los libros (despacio, despacio...), me tomaba cervezas para competir por el oro con mi marido y su familia en la categroría de: a ver quién bebe más cervezas en el aperitivo...O sea, que mientras yo vivo a ritmo ralentizado vacacional (unas cuantas revoluciones menos que el resto del año, pero tampoco muchas) Nadal jugaba y jugaba. Y todos los españolistos esperando que Nadal nos trajera la medalla de oro. Esa que una vez sudada por otro nos colgamos como propia gentes que como yo damos un palo al agua para refrescarnos o relajarnos. 

Me da la sensación a mí de que esto de los juegos olímpicos se está convirtiendo en una locura absurda. En una competición donde prima más la cantidad que la calidad. Donde para que te reconozcan un mérito tienes que demostrar que eres el que más gana, el que más récords bate. No vale con ser bueno, en los juegos olímpicos has de ser héroe, si Phels o Bolt ganan en todo lo que compiten, nosotros también. No nos sirven los héroes caídos. Y Nadal tiene suerte, porque su sudor le habrá costado ganar todo lo que este chico ha ganado a lo largo de su vida, y son muy pocos los que se atreven a toserle al mallorquín, o a desprestigiar que esta vez no nos haya traído el oro a nuestras barbacoas veraniegas. Pero no todos los deportistas son Nadal. No puedo dejar de pensar en el murciano, Miguel Ángel López, tengo hasta que buscar su nombre, que corrió los 20 km marcha y del que esperábamos todo menos que no quedase ni entre los 10 primeros. Claro, 20 km de una tacada es algo que hoy en día hace cualquier runner of the world que se precie. 

En una búsqueda rápida sobre su nombre me aparecen titulares como éstos, que me causan sarpullidos intracraneales, suprarrenales, intercostales, perianales, bucofaríngeos, abdominointenstinales y vaginales. O sea asco puro:

http://masdeporte.as.com/masdeporte/2016/08/12/juegosolimpicos/1471028600_159658.html

http://www.sport.es/es/noticias/juegos-olimpicos-2016/miguel-angel-lopez-decepciona-en-los-20-kms-marcha-5321842

https://www.youtube.com/watch?v=ObZAhANw7Ec

http://www.20minutos.es/deportes/noticia/decepcion-miguel-angel-lopez-marcha-duodecimo-2816815/0/


No sé si la raza humana ha evolucionado tanto como para estar batiendo récords constantemente.  En lo que sí parece que evolucionamos a ritmo de récord olímpico es en gilipollez absoluta. 
Sigamos pidiendo imposibles y tirando por tierra méritos ajenos. Sigamos. En eso el oro no nos lo quita nadie.